viernes, 13 de octubre de 2017

Duos habet et bene pendentes

[ Tiene dos, y cuelgan bien ]



El sexo en la Iglesia

El Vaticano estuvo continuamente dirigido por hombres, que muchas veces no olvidaron su pasión sexual masculina. Hay muchos Papas que fueron homosexuales, hijos de sacerdotes que llegaron a Papas e incluso hijos de Papas que también llegaron a la máxima institución de la iglesia. Nos encontramos en la larga lista de Papas a fetichistas, proxenetas, pederastas, masoquistas y sádicos.

Vemos cómo a lo largo de su historia, la corrupción y la moralidad han estado presentes. Las orgías y fiestas con prostitutas han sido elemento frecuente dentro del Vaticano. Esta es la parte que siempre han intentado ocultar. La iglesia siempre ha culpado a las mujeres de sus males, para así no tener que hacer la menor auto critica de sus planteamientos.

La ramera de Babilonia cabalgando sobre la bestia
del Apocalipsis luciendo la tiara papal

Uno de tantos bochornos de la Iglesia Católica gira en torno de la papisa Juana, una mujer que habría ejercido el papado católico ocultando su verdadero sexo. Muchos personajes del pasado se han movido en aguas turbulentas, a medio camino entre la realidad histórica y la leyenda. Personajes que han provocado extensos y acalorados debates sobre su existencia real. Uno de esos nombres es Juana de Ingelheim.

Representación medieval de la papisa Juana
(en traducción de inglés a español es Juana pero en
realidad se llamaba Johanna luego al hacerse pasar
por un monje se cambió el nombre a Johannes)
La Papisa Juana ¿Realidad o leyenda?

Juana habría nacido el año 822, en Ingelheim am Rhein cerca de Maguncia (Alemania). Era hija del monje Gerbert, que forma parte de los misioneros cristianos mandados desde los territorios de anglos para cristianizar a los sajones. Juana vivió inmersa en un mundo de profunda religiosidad y en un medio en que el conocimiento cultural era práctica habitual, cosa que no se daba en esa época oscura. Juana que era muy inteligente, sabía que como mujer tenía pocas posibilidades de desarrollarse intelectualmente, por lo que decidió hacerse pasar por hombre.

Para poder seguir estudiando, Juana cambió su nombre por Johannes Anglicus (Juan el Inglés) y así pudo trabajar como copista en la abadía de Fulda, que le permitió profundizar en el conocimiento de la medicina. Esto hace que Juana pueda viajar de monasterio en monasterio (que en aquella época eran los únicos lugares donde se daba la cultura).


Se sabe que viajó a Constantinopla. Estuvo también en Atenas, donde profundizó en el conocimiento de los grandes filósofos griegos y conoció al rabino Isaac Israelí, del que aprendió grandes conceptos de medicina y a sanar determinadas enfermedades.

Ya de regreso a su tierra alemana, fue llamado a la Corte del rey Carlos el Calvo, donde era escuchado debido a su profunda erudición. En el año 848, Juana se traslada a Roma, donde es elegida para dar clases, pronto alcanzará gran fama, siendo bien recibida en los medios del Vaticano. En su estancia romana, Juana aprovecha para profundizar en los estudios del trívium et quadrivium (*)

Personificación como figuras femeninas de
las siete artes liberales: Trivium et Quadrivium
Debido a su erudición y a la fama que como profesor alcanza, es presentada al Papa León IV, que se vio gratamente sorprendido por su erudición. La introduce en el mundo vaticano, dedicándola a desarrollar la política de la Iglesia en los asuntos internacionales, además de ser su médico particular.

En junio del año 855 muere el Papa León IV, siendo elegido la Papisa Juana con el nombre de Juan VII. Durante el pontificado de León IV, Roma está sumergida en una profunda crisis social y política. Las elecciones Papales dependían de las votaciones de los fieles romanos, pero sobre todo de las corruptelas protagonizadas por las grandes familias patricias romanas.


Era normal que los Papados tuvieran muy poca duración en la silla de Pedro. Siendo habitual asistir a la destitución de Papas para nombrar a otro de una familia rival. Muchas veces, los romanos hartos de estas corruptelas de las grandes familias romanas procedían a elegir un nuevo Papa.

El nombramiento de Juan el Inglés se debió a la gran debilidad de los patricios romanos y se procedió al nombramiento de la Papisa Juana, debido a la fama que había adquirido de santidad y erudición. Los inicios de su Pontificado estuvieron llenos de placidez y de calma, rompiendo la alteración de los anteriores Pontificados. A pesar de hacerse pasar por hombre, tuvo una vida sexual activa.


Se dice que ingresó en la abadía de Fulda siguiendo a un amante estudiante, que había ingresado en ella. En su estancia en Roma, mantuvo relaciones con el embajador de Sajonia en el Vaticano, Lamberto. Como consecuencia de esta relación quedó embarazada.

A los trece meses de su Pontificado fue consciente de que estaba embarazada. Los largos hábitos y las vestimentas alargadas, unido a lo inimaginable que resultaba pensar en un Papa embarazado, permitió que nadie se diera cuenta del tal hecho. Esto demuestra que Juana no era lo virtuosa que se decía.


Juana aceptó de mala gana dicho embarazo, pues le iba a dificultar y complicar su labor como Papa. Aquí cabe hacerse algunas preguntas: ¿Por qué no abortó dado que tenía amplios conocimientos de medicina? Ella tenía asumido totalmente su rol masculino, de ahí la dificultad en la asunción de su embarazo y en que no hiciera nada. Su idea era ir a dar a luz en secreto y después ocultar a la criatura, por lo que esta situación era salvable.

El problema surge cuando se le adelanta en dos meses la fecha que ella tenía prevista para dar a luz. Los hechos suceden cuando estaba presidiendo una larga procesión por las calles de Roma, la cual tenía una gran exigencia física. Dicha procesión iba desde la iglesia de San Pedro a la basílica Lateranense, en un lugar entre el Coliseo y la iglesia de San Clemente.

Parto de la Papisa Juana en plena procesión
En medio de una calle estrecha se puso de parto. Por eso se dice en Roma que nunca más ha pasado una procesión por este lugar. Debido al gran esfuerzo empezaron los dolores, que al principio aguantó estoicamente pero pensando que no habría problemas siguió en la procesión. Estos dolores fueron a más y rompió aguas en medio de la misma. De esta forma, los obispos, el clero y el pueblo romano asistieron alucinados al parto en plena procesión del Papa.

Representación medieval de la muerte de la papisa Juana
Hay dos versiones sobre su destino, uno es que muere dando a luz en medio de la calle, y así todo el mundo se entera de que era una mujer. La otra, es que horrorizados, escandalizados y furiosos, los devotos participantes en la procesión rodearon al Papa y lo apedrearon hasta producir su muerte.

Como una leyenda se fue mezclando con otra

Según el mito, la suplantación de Juana obligó a la Iglesia a proceder a una verificación ritual de la virilidad de los Papas electos. 


Así, a partir de entonces se decía que el candidato a Papa debía ser sometido a un control para verificar su sexo. Para ello, presuntamente se sentaría en una silla especial, la sedia stercoraria, con un agujero en el medio por la que se deslizaban los genitales y un joven diácono comprobaría su virilidad.

Las versiones cambian sobre si la comprobación era solo visual o mediante el tacto, o si el ejecutante era un diácono o un joven cardenal. Acabada la inspección, si todo era conforme a la ley, debía exclamar “Duos habet et bene pendentes”, que traducido dice “tiene dos, y cuelgan bien”.

Una vez comprobado y enunciada la frase, los asistentes a la ceremonia responderían “Deo Gratias” [Gracias a Dios].



El Papa Adriano VI aboliría la costumbre en el siglo XVI. Sin embargo se conservan las ilustraciones de Lawrence Banka que muestran la prueba de masculinidad de Inocencio X, Papa entre 1644 y 1655.

La teoría más sensata es que se trataba de sillas romanas de mármol que se piensa que se usaban en las termas para lavarse. Como se trataba de mármoles preciosos fueron a parar al Vaticano y fueron utilizadas por los pontífices.


Hay una en el Vaticano y otra en el Museo del Louvre, que se llevó Napoleón. Pero Graña Cid aclara que el Papa no usa dicha silla. «Si se hizo, fue fuera del rito. Los Papas lo tenían todo muy organizado y esta práctica no aparece en ningún libro de ritos de papado».

(*) Las siete artes liberales, Trivium et Quadrivium, es la expresión de un concepto medieval, heredado de la antigüedad clásica, que hace referencia a las artes (disciplinas académicas, oficios o profesiones) cultivadas por hombres libres, por oposición a las artes serviles (oficios viles y mecánicos), propias de los siervos o esclavos.

2 comentarios :

  1. Buenísimo!!! Y te lo digo en serio. A mí estos temas me gustan y la historia de las papisas es digna de leer. Las fotos, bien elegidas... Y es que el Pecado y la Creencia a andan irremediablemente juntas.

    Besos.

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  2. Andando... Los dos pies fuera del tiesto que decimos acá. La madre que te parió.

    Cuando vi el borrador ya te dije lo que pensaba al respecto sobre arriesgar en las imágenes con relación al texto. Claro que entonces aún no habías incluido las imágenes femeninas, ni la de la parejita.
    Yo no habría arriesgado hasta tal punto y te lo habría dicho de este modo al verlo como lo hago ahora. Pero bueno, tú siempre terminas haciendo al final lo que te sale del casco. Jejeje.

    Me recuerdas más tarde que nunca te lleve de ayudante a una ponencia? La Virgen la que podrías liar con la maquetación, jejj.

    Ahora ya se me ha pasado el cabreo. Pero me cabreó mucho cuando lo vi. Ya sabes lo que opino de mezclar simbología religiosa con temas relacionados con el sexo. Hay muchos tipos de exponer perversión, o critica, o simplemente reivindicar algo sin necesidad de molestar la sensibilidad de ningún colectivo.

    Por lo demás, ya sabes que siempre me gusta la temática y la linea que sigues.

    Venga, un beso.

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